- Sí, vendrá Cameron a casa -sonrió mamá mirándome. Me ruboricé, pero no debía hacer eso porque notarían que me sucedía algo raro.
- Pero... -comencé a decir- ¿No está en roma?
- No, cariño. Llegó ayer. Estaba quedando en la casa de la madre de su novia, que vive aquí. El se comprará un departamento a dos cuadras de nuestra casa. Creí que sabrías, como son tan amigos -me dijo papá, mirándome extraño. Yo asentí y terminé rápido mi comida, para subir a mi habitación.
Cuando llegué allí, tomé el teléfono y marqué el número de Cameron. Sonó tres veces y me atendió.
- ¿Hola? -dijo.
- Hola Cameron. Soy Ellen. Gracias por decirme que estabas en Nueva York. -le dije en tono enojado.
- ¿Y por qué tendría que haberte dicho? -rió.
- Porque creí que era tu mejor amiga. Pero claro, tienes novia y 18 años. Seguramente ella es una top model de tu misma edad y...
- Ellen, cariño... -comenzó a decir. Yo quedé helada. ¿Cariño?- eh, Ellen. Ella tiene 16 años, como tú. Tranquila, eres mi mejor amiga y lo serás por siempre, que te quede claro. Lana irá al mismo colegio que tú. Seguro se conocen.
- Está bien -suspiré.
- Mejor. Ahora me tengo que ir, nos vemos esta noche... ¿No?
- Sí, Cameron. Nos vemos, te quiero... amigo.
- Yo también, y mucho.
Después de eso, busqué en el vestidor el uniforme de la escuela; era mejor dejarlo listo. Estaba compuesto por una falda gris por arriba de las rodillas, una camisa blanca, medias blancas y una corbata gris. También tenía un sweater bordó y, en los pies, llevaría unas John Foos grises. Lo dejé al lado de la cama, me acosté para pensar... y me dormí.
Cuando me levanté, eran las seis y faltaba una hora para que venga Cameron. Salté de la cama y fui rápidamente al baño, donde puse agua en la tina para que se caliente. Me bañé, me sequé el pelo y el cuerpo. Fui al vestidor y saqué un vestido de París. Era corto, de color rojo y con breteles finos. Busqué unos zapatos de tacón alto, del mismo color que el vestido y con el mismo glamour. Me vestí y fui otra vez al baño, para maquillarme y peinarme. Me dejé el cabello suelto y me puse un pequeño moño, del lado derecho, color rojo y con encaje negro. Me puse rimmel y delineador negro en los ojos, labial rojo y unos pendientes negros y brillantes. Miré en mi teléfono la hora, solo faltaban diez minutos, por lo que bajé al comedor.
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